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apunte 19

Al día siguiente, pensar en lo impensable

Análisis 19 / 2020

11 Noviembre 2020

 

David Skuli

 

Introducción

En 1942, como cuenta Malaparte en su novela Kaputt, los soldados finlandeses incendiaron el bosque de Raikkola ubicado en Karelia, al noreste de San Petersburgo. Los caballos de la artillería rusa que se encontraban en la zona, al intentar escapar del incendio, se dirigieron hacia el lago Ladoga, entraron en sus aguas intentando salvar su vida, pero murieron por las heladas. ¿Cómo es posible que los caballos se congelasen al entrar en las aguas del lago?

La termodinámica nos enseña que las aguas muy puras como las de los lagos glaciares no se congelan a cero grados, sino que pueden permanecer líquidas hasta menos 20 grados. Sin embargo, tan pronto como un cuerpo extraño entra repentinamente en el agua, el precario equilibrio térmico se rompe y el agua se cristaliza inmediatamente. Entre el incendio del bosque y las aguas congeladas del lago, los caballos podrían haber elegido una tercera ruta, la de la ribera. Como los caballos congelados en el lago, nuestro mundo se ha paralizado por el Coronavirus. Las sociedades humanas son vulnerables cuando están en crisis.

Hemos entrado en la era de la incertidumbre. La epidemia de COVID 19 revela un profundo ataque al paradigma de Occidente que, hasta ahora se consideraba el rey como lo señala el sociólogo Edgar Morin:  todo está separado y, al mismo tiempo, es inseparable en lo que lo que respecta a la complejidad del mundo. El hombre es frágil, está determinado en sus genes que un día u otro morirá. La epidemia ha hecho palpable la evidencia de que la “tecnociencia” ha quedado relegada al olvido, lo que no obliga a plantearnos una nueva relación con la muerte. Cada sociedad humana con la ayuda de sus filósofos, religiosos y sabios debe hacer este esfuerzo e integrarla o reintegrarla gradualmente en su cultura.

¿Cuándo terminará la epidemia? La historia no nos da pistas, solo nos advierte que se avecinan cambios políticos, sanitarios y sociales. El vocablo “crisis” en griego tiene el significado de renacimiento entre sus acepciones. Por tanto, es necesario elegir entre posibles futuros, ya que tendremos que enfrentar más epidemias y otros virus volverán a atacar a la humanidad. ¿Qué camino elegiremos entonces?

Debemos actuar de forma urgente, pero surgen varias preguntas: ¿Cuál debería ser el papel y la organización de los estados? ¿Qué consecuencias se pueden extraer de la centralización o descentralización en los procesos de toma de decisiones de crisis en Europa? ¿Cuál es el equilibrio entre la libertad individual y la seguridad colectiva? ¿Es la democracia el marco más eficaz para gestionar las crisis? ¿Qué papel puede jugar Europa? ¿Deberíamos inventar las bases de una “economía de la vida” como sugiere Jacques Attali? ¿Cuál es el lugar del poder científico y de la educación en el período posterior a la crisis?

Solo el pragmatismo y la humildad deben orientar las respuestas a estas preguntas y sugerir algunos caminos realistas que permitan modelar el paradigma de vida de nuestras sociedades, a falta de cambiarlo por completo, lo que supondría una concepción idealizada del mundo contemporáneo. (Seguir leyendo)

 

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David Skuli, asesor de seguridad internacional, analista del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de Política Internacional.

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