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Certidumbres e incertidumbres en Ucrania (II) (y algunas lecciones aprendidas)

Análisis 22 / 2022

28 Noviembre 2022

 

Fernando del Pozo

 

Los atenienses: tal como es el mundo, el derecho se dirime entre poderosos, mientras que entre desiguales el fuerte hace lo que le place, y el débil sufre lo que debe.
Tucídides. Diálogo Meliano, “Historia de la Guerra del Peloponeso”.

 

 

Hace unas semanas hablábamos aquí de la creciente convicción de que Ucrania podía ganar la guerra y de la certeza de que Rusia la había perdido, lo que es menos contradictorio de lo que parece. Hacíamos también cábalas sobre la probabilidad de que un Putin acorralado hiciera uso de las armas nucleares que tiene en abundancia a su disposición para evitar la humillación que produciría la comparación de los pobres resultados obtenidos con los tronantes cantos de triunfo y los uniformes de gala en el equipaje para el esperado desfile de la victoria en Kiev con que empezó esta imprudente y trágica aventura, en la que Putin tal vez esperaba encontrar en Zelenski a un aterrorizado Emil Hácha que entregara su nación a un irresistible Hitler redivivo. Humillación en casa, claro, la opinión en el extranjero le importa mucho menos, con la notable excepción de China, que es su cada vez más reluctante pero todavía imprescindible apoyo.

Pues bien, la guerra sigue, y aunque los nuevos acontecimientos no nos obligan a rectificar lo dicho, antes bien confirman afirmaciones y predicciones (o más bien la inconcreción de las últimas), sí introducen nuevos factores que merecen cuidadoso examen. En descargo del atrevimiento de especular acerca de qué va a pasar siempre podemos invocar al premio Nobel Niels Bohr: “Predecir es muy difícil, especialmente acerca del futuro”. De los acontecimientos ocurridos en estas últimas semanas hay que destacar el sabotaje de las Nordstream I y II, cuya autoría, factor crucial para poder extraer alguna conclusión, aún no ha sido resuelta; la voladura parcial del puente del Kerch por agentes ucranianos; la llamada a filas de 300.000 reclutas (suponiendo que esa sea en realidad la cifra-objetivo) que ha causado una gran conmoción social; y sobre todo la expulsión de las fuerzas rusas de la margen derecha del Dnieper y reocupación de Jersón, única capital provincial tomada por los rusos. Cada uno a su modo, estos acontecimientos han afectado a la situación y requieren análisis.
Otra consideración que nos impulsa a continuar el análisis es la persistencia de analistas y políticos que claman, piden, exigen que se abra una salida (en inglés una “off-ramp”) para facilitar a Putin (no a Rusia, aquí el asunto es netamente personal) salir de esta carretera a ninguna parte sin ser humillado.

Esta pretensión, para mejor comprenderla, sería similar al caso en que unas autoridades policiales tuvieran que contender con un criminal que asesina y roba a sus víctimas, y que está todavía campando por sus respetos. Esas autoridades, con objeto de rebajar la tensión entre los vecinos de la zona donde opera el criminal, que están dispuestos a tomarse la justicia por su mano, se inclinan por hacer pública una petición de que el asesino se entregue, insinuando que, para facilitar su abandono de la vida criminal sin ser excesivamente humillado, se reducirían los cargos e incluso tal vez se le podría permitir quedarse con las carteras y los relojes de las víctimas. (Seguir leyendo)

 

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Fernando del Pozo. Almirante (Ret) De la Academia de las Ciencias y las Artes Militares. Analista del Centro de Seguridad Internacional

 

 

 

 

 

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