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Refundar la OTAN: una alianza para la libertad

Cumbre Madrid 2022 · La OTAN ante un cambio de era | Nº 12

2 Septiembre 2022

 

Ignacio Cosidó

 

En el año 2050 la OTAN habrá cumplido 100 años. En caso de sobrevivir, personalmente apuesto por ello, será con diferencia la alianza político-militar más duradera de la historia. Una alianza que constituye un éxito histórico incuestionable con su victoria en la Guerra Fría sin necesidad de disparar un solo tiro. La OTAN se ha revitalizado además tras la ilegal y brutal invasión de Ucrania por parte de Rusia. La incorporación de nuevos miembros tradicionalmente neutrales, como Finlandia y Suecia, es la mejor prueba de que la OTAN sigue siendo la mejor garantía de seguridad para Europa. Pero detrás del éxito de la reciente Cumbre celebrada en Madrid, con la promulgación de un nuevo Concepto Estratégico, persiste la necesidad de adaptar la Alianza a una nueva era caracterizada por la pérdida de la hegemonía occidental, la amenaza global a la democracia y la crisis del orden mundial liberal que representan las nuevas potencias autoritarias como Rusia o China.

La OTAN nació hace tres cuartos de siglo con el objetivo de contener el expansionismo soviético tras la II Guerra Mundial y garantizar la pervivencia de los regímenes democráticos en Europa Occidental. Gracias a esta Alianza, y en especial a la disuasión nuclear ejercida por el arsenal nuclear estadounidense, se garantizó la paz y la estabilidad en Europa durante cuatro décadas de Guerra Fría. La superioridad económica, tecnológica y militar de los países occidentales terminaron por provocar el colapso de la Unión Soviética y la disolución del Pacto de Varsovia. La mayoría de los miembros de ese pacto están hoy, de hecho, integrados en la OTAN.

Cabe preguntarse por qué no se disolvió la OTAN una vez desaparecido el Pacto de Varsovia. Son varias las razones. En primer lugar, el Tratado de Washington tuvo el acierto de no mencionar la Unión Soviética y no existían por tanto razones jurídicas para ello. La Alianza se fundamentaba además en unos valores comunes, la democracia, la libertad y los derechos humanos, que salían fortalecidos tras el final de la Guerra Fría. En tercer término, se consideró que, más allá de la amenaza soviética, el vínculo trasatlántico seguía siendo una garantía de seguridad y estabilidad para Europa, especialmente en un momento de transición estratégica. Es más, la estrategia de la Alianza fue ampliarse para acoger en su seno a aquellos países liberados de las dictaduras comunistas que quisieran incorporarse a la misma como garantía de su propia libertad, estabilidad y seguridad. La OTAN puso en marcha a su vez una relación especial con Rusia, a la que ha considerado hasta hace pocos años, un socio estratégico. (Seguir leyendo)

 

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Ignacio Cosidó es el Director del Centro para el Bien Común Global

 

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