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Implicaciones geoestratégicas del ejercicio “Vostok 2018”

Apunte 2 / 2019

 

Gabriel Cortina

 

La última maniobra militar de Rusia ha implicado la puesta en escena de 1.000 aviones, 300.000 soldados, 36.000 vehículos terrestres y decenas de buques. Denominado “Vostok” (que en ruso significa “Este”) ha sido la mayor demostración de fuerza realizada posterior a la Guerra Fría. Este hecho, significativo de por sí, ha llamado la atención de la comunidad estratégica.

Por su impacto y alcance, el ejercicio manifiesta el deseo de Rusia de posicionarse como un actor con capacidades renovadas en los dominios del uso de la fuerza terrestre, naval y aéreo. El último ejercicio de una escala similar fue en 1981, y supuso una involucración de 150.000 tropas del Pacto de Varsovia. Este análisis trata de explicar los aspectos militares y sus implicaciones geopolíticas.

 

Significado militar

 

Las maniobras militares “Vostok 2018” ha supuesto la activación de un potencial militar sin precedentes, protagonizado por Rusia y China, acompañados por Mongolia. Se trata de dos potencias nucleares que son miembros, a su vez, del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Con razón ha sido denominada como “Las olimpiadas de la guerra“. La lectura estratégica se enmarca en una narrativa de demostración de fuerza y de capacidades, como unos juegos militares internacionales en el espacio euroasiático.

Un teatro de operaciones de tal magnitud genera inquietud en las naciones vecinas que quedan dentro de los espacios de influencia. Las maniobras precedentes (2017), denominadas “Zapad”, tuvieron lugar en la frontera occidental de Rusia, lo que resultó muy incómodo para la Alianza Atlántica. La consecuencia inmediata fue la movilización de tropas. En esta ocasión, el escenario elegido fue la extensa región del este de Siberia. Las declaraciones del ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, manifiestan una clara intención, afirmando que “por supuesto, desarrollaremos aún más ese tipo de cooperación militar que contribuirá a la estabilidad y la seguridad en el espacio euroasiático“.

Desde un punto de vista operacional, las maniobras sirven como entrenamiento del ejército, tanto en recursos como en capacidades. En forma rotatoria, es protagonizada por los cuatro principales comandos estratégicos del Este, el Cáucaso, el Central y el Occidental. Uno de los principales aspectos a destacar fue la demostración de fuerza en la alta movilidad y coordinación de las tropas rusas. Las unidades terrestres se desplazaron de forma combinada a una distancia de 7.000 kilómetros, mientras que los barcos de la Flota del Norte realizaron una travesía de 4.000 millas. Además del número de soldados, aviones y vehículos terrestres, cabe destacar la participación de helicópteros, drones, blindados y acorazados, 80 naves y buques auxiliares. Por su parte, China participó con soldados, vehículos blindados y aviones, al igual que Mongolia, que hizo lo mismo con algunas unidades militares.

Aunque cada ejercicio estratégico de las fuerzas armadas está diseñado para ser una prueba de esfuerzo para las unidades desplegadas y la participación de agencias civiles de apoyo, Vostok tenía cuatro áreas principales de atención: logística, movilización, comando y control, e innovación táctica. También había un componente de participación destinado a incorporar el cuerpo de reservistas, con el objetivo de ayudar a completar las unidades de apoyo al servicio de combate e integrar a las autoridades civiles en el ejercicio bajo el modelo cívico-militar de “Todos Luchan“.

“Vostok” se extendió en cinco rangos de armas combinadas y cuatro de defensa aérea. El armamento utilizado muestra el tipo de ensayos y la incorporación de sistemas. En el caso de la fuerza aérea, se probó el lanzamiento de misiles no guiados y bombas aéreas, así como de misiles crucero, en este caso partiendo de una altitud de más de 5.000 metros y dirigido a un objetivo situado a 2.000 km de distancia. La parte aerotransportada tenía la intención de realizar innovaciones de estructura de fuerza y maniobras de combate, y fue protagonizada por tres brigadas independientes de asalto. El objetivo era probar una formación experimental para determinar tácticas futuras y el desarrollo general de las fuerzas conjuntas que incluyen helicópteros y unidades especiales.

La parte naval también fue significativa. Incluyó un ejercicio de guerra antisubmarina, se practicaron ataques de torpedo y carga de profundidad, junto con ataques de evasión, y también una dinámica de las unidades de infantería naval y de ataque anfibio, lo que demuestra el interés de las principales fuerzas armadas por desarrollar la capacidad “amphibiosity”. La dinámica de jugar al límite del espacio aéreo, la protagonizó un vuelo del bombardero estratégico Tupolev Tu-95 como parte del ejercicio de reabastecimiento de combustible -en ese rango, esta plataforma no lo necesita-, que atravesó la zona de identificación aérea de Alaska, lo que obligó a intervenir a dos F-22 de la USAF.

Los aspectos políticos y militares de “Vostok 2018” son: el inmenso tamaño del teatro de operaciones y las dimensiones de sus escenarios; la involucración del Ejército Popular de Liberación de China y la invitación realizada a Turquía para participar; el malestar político interno de Rusia y la disminución de la popularidad del presidente Vladimir Putin; la reunión concurrente del Foro Económico del Este en Vladivostok; la continua volatilidad en torno a la península de Corea y la ambición del Kremlin de desempeñar un papel clave en la península; y el deseo de Rusia (y de China) de desarrollar capacidades militares expedicionarias que puedan desplegarse rápidamente en África, Oriente Medio y otras regiones. Hay que recordar que el ejército ruso procede de la URSS, y aunque estaba reformado, se había convertido en una fuerza permanente, carecía de experiencia y no tenía credibilidad para poder desplegarse en las fronteras en caso de conflicto, ni para enfrentarse con éxito a un adversario.

 

Los cuatro mensajes de Moscú

 

Desde un punto de vista geoestratégico, se puede afirmar que “Vostok” lanza cuatro mensajes. En primer lugar, el deseo de Moscú de transmitir credibilidad, que tiene una fuerza creíble de combate y que es capaz de disuadir eficazmente conflictos convencionales a gran escala. Esto tiene relevancia estratégica porque la extensísima región del oriente ruso es una estepa sin límites aparentes, escasamente poblada y que carece de infraestructuras de transporte, lo que supone un reto muy difícil de abordar.

El segundo es mostrar un escaparate de capacidades militares que sirva de estímulo para potenciar la industria. La modernización militar es una prioridad y su política de Defensa incluye la implementación de las capacidades tecnológicas en periodos de cinco años, denominado Programa de Armamento del Estado. El que está en vigor en la actualidad (2018-2027) significa el desempeño de nuevos equipos y el deseo de consolidar mercados, y es comprensible con una política exterior que busca consolidar una presencia regional.

El tercero se dirige a la Alianza y es para responder a la amenaza que pueden estar representando sus constantes movimientos de tropas en el Báltico y los ejercicios recientes llevados a cabo en la frontera del Este. También incluye la reciente adquisición de sistemas de defensa anti-misil Patriot por parte de Polonia. El hecho significativo es que este evento se produce en un momento de elevada tensión entre la OTAN y Rusia. Cabe mencionar que los acuerdos políticos que rigen los ejercicios militares en Europa, como el Documento de Viena, no tienen jurisdicción al Este de los montes Urales.

Por último, Oriente Medio, un conflicto donde el Kremlin ha decidido participar de forma determinante. Con su Ejército desplegado durante una semana a lo largo de 7.000 kilómetros demuestra que, a pesar de las sanciones económicas, incluso contra el sector de defensa, el país sigue en pie tras sus propósitos. Es cierto que Rusia ha adquirido experiencia en la guerra asimétrica moderna y expedicionaria, especialmente con Siria, y se han probado nuevas armas y capacidades logísticas. La mención hacia Oriente Medio tiene sentido porque, no hace mucho, las Fuerzas Armadas rusas llevaron a cabo en el Mediterráneo un ejercicio de notables dimensiones, centrado en la coordinación entre buques de guerra y aviones. Bombarderos pesados Tu-160 volaron desde Rusia y practicaron el lanzamiento de misiles de crucero, armas que ya utilizaron en Siria. Duraron una semana e involucraron a 26 buques, incluidos dos submarinos, y a 34 aviones.

 

Significado geopolítico

 

No es casualidad que el presidente Vladimir Putin asistiera a las maniobras tras reunirse antes en Vladivostok con su homólogo chino, Xi Jinping, en el Foro Económico del Este. Allí estuvo también con el primer ministro Abe y el residente Moon, así que, no sólo China, sino Japón y Corea del Sur estaban claramente destinados a quedar impresionados con la combinación del poder militar y la oferta de una mayor cooperación económica.

China ha sabido aprovechar la invitación y necesita aprender porque mantiene intereses activos en África, donde tiene en Djibouti su base militar más importante, y en otros lugares del Océano Índico. Esta cooperación servirá para mantener al rival cerca y para promover la exportación de armas. La competencia de China en tecnología militar –con una cooperación no siempre leal- está logrando progresos, incluidos aviones y motores, y en la construcción de barcos. El reto por parte de su industria de Defensa es lograr confianza en la producción nacional.

Rusia y China comparten la incómoda frontera de Corea del Norte. Esta situación, y el empeño de Putin en proteger al aliado de Oriente Medio, el régimen de al-Assad, podría influir en el dictador norcoreano y permitir que Moscú asuma un papel más prominente en los asuntos de la península coreana, más allá de un mero mediador diplomático. La participación de Mongolia en el ejercicio también responde a un criterio geoestratégico, pues está situado entre las dos grandes potencias de Asia Central.

Asimismo, conviene tener en cuenta que Turquía, miembro de la OTAN, fue invitada a participar con tropas y equipos. Si la presencia de Mongolia no fue una sorpresa, la invitación a Turquía es un aspecto que sí merece atención. Hay que tener en cuenta que el presidente Erdogan ha manifestado su deseo de que Turquía se una a la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que está dirigida, precisamente, por Rusia y China. En términos de influencia, es una alternativa a la cooperación y alianza con Estados Unidos y Europa. Los desencuentros entre Turquía y los Estados Unidos son manifiestos, como se ha visto en el escenario de Siria, e implican aspectos de tecnología y cooperación militar. Irán, actor imprescindible en Oriente Medio, también ha estado atenta a la respuesta de Ankara.

“Vostok” representa un tablero de juego en la demostración de fuerzas por parte de unos actores tendentes a incrementar la influencia global. Actuar junto al gigante asiático es la demostración tangible de la alianza entre Beijing y Moscú, un bloque cuya finalidad principal sería el compensar o contrapesar a Estados Unidos, una potencia de igual o superior magnitud. La involucración de China ha sido uno de los factores que han llamado la atención. La dimensión conjunta evita preocupar a los chinos sobre ejercicios militares cerca de su frontera y permite a Moscú demostrar que no está aislado militarmente.

Como conclusión cabe señalar que, a pesar de la enorme puesta en escena, Rusia no está preparada para posibles conflictos a gran escala. Ni puede en occidente, contra la OTAN o Ucrania, ni en el este, donde la situación en torno a la península coreana sigue siendo volátil, y China está desafiando cada vez más el dominio militar estadounidense (y ruso). Moscú no tiene suficientes fuerzas convencionales para afrontar conflictos importantes en ambos teatros al mismo tiempo. Una cosa es amenazar y otra muy distinta el despliegue continuado de tropas. De esa forma, movilizar todo lo que ha mostrado dejaría a Rusia vulnerable, expuesta en otras direcciones, y totalmente dependiente de su disuasión nuclear.

Las espectaculares imágenes de interminables filas de tanques T-90 y vehículos de apoyo son un claro ejemplo de abordar el dominio de la opinión. Como testigos presenciales se invitó a 91 observadores extranjeros de 57 países. Para aquellos que piensan que las unidades y cuarteles de las fuerzas armadas rusas carecían de habilidades de combate y coordinación, “Zapad 2017” y “Vostok 2018” demuestran que los tiempos han cambiado.

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Gabriel Cortina es Diplomado en Altos Estudios de la Defensa Nacional y forma parte del equipo de investigadores del Centro de Seguridad Internacional (Instituto de Política Internacional).

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