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Guerra híbrida en Ucrania

Apunte 2 / 2022

14 Marzo 2022

 

Fernando del Pozo 

 

El que queda retrasado en sus preparativos no dispone de otro medio que la superioridad de la guerra defensiva para compensar un poco el detrimento que experimenta. Carl von Clausewitz

El legítimo objeto de la guerra es una paz más perfecta. Marco Tulio Cicerón

 

 

Qué es la guerra híbrida

 

La guerra híbrida es “el uso sincronizado de múltiples instrumentos de poder adaptados a vulnerabilidades específicas en todo el espectro de funciones sociales para alcanzar efectos sinérgicos”. En otras palabras, aunque es difícil mejorar una definición tan sintética, la guerra híbrida utiliza para la consecución de objetivos políticos todas las posibilidades que le ofrecen no sólo las fuerzas armadas, sino la economía, los medios de comunicación social, los agentes sociales, como partidos políticos, sindicatos, etc., en definitiva todo aquello que un Gobierno puede utilizar para ejercer influencia en el enemigo con objeto de que se doblegue y rinda, y lo hace de manera coordinada para influir positivamente unos elementos de la guerra híbrida en otros. No es ni una forma de conflicto – a pesar del desafortunado nombre – ni una opción política, es una acción, una herramienta, operando en el mismo plano que una operación militar convencional, pero de manera más sutil y frecuentemente oculta. La guerra híbrida no es ni más ni menos que un modo de expresar de manera extensiva el concepto de la guerra misma, que según von Clausewitz es “un acto de fuerza para obligar al enemigo a hacer nuestra voluntad”.

Así las cosas, el más conocido y repetido aforismo del estratega prusiano “la guerra es la continuación de la política por otros medios” se queda corto. En realidad, la guerra – entendida como lo hubiera hecho el autor de Vom Kriege y en general sus contemporáneos, es decir el choque cinético de dos fuerzas armadas organizadas – no es sino una de las varias herramientas de la panoplia que el gobernante tiene a su disposición, uno de los “múltiples instrumentos de poder adaptados a vulnerabilidades específicas” a los que alude la definición que hemos adoptado. La diferencia entre esa herramienta -la cinética – y las otras es que, por razones bien comprensibles, es la que marca la apertura y conclusión de hostilidades. Dicho de otra manera, las variantes no cinéticas de la guerra se utilizan no sólo durante sino también antes y después de las hostilidades formales.

Si el uso de la expresión “guerra híbrida” se ha hecho popular últimamente, incluso adquiriendo ese nombre propio de que antes carecía, no es porque antes no existiera, es porque los componentes no cinéticos – principalmente los que operan en el ámbito cognitivo – han aumentado en importancia en los últimos conflictos, sobre todo los que usan los medios de comunicación social, cada vez de mayor influencia, y necesitábamos un término para expresar esa coincidencia de fines en el uso de herramientas tan dispares. Ello no quiere decir que ese uso de elementos no militares sea completamente nuevo, sus orígenes son tan remotos como la guerra misma: Publio Cornelio Escipión el Africano sembró de sal los campos de Cartago tras su victoria en Zama sobre Aníbal, en uno de los primeros casos documentados de guerra económica; y la propaganda y la mentira se han usado desde siempre en apoyo de las propias posiciones, al extremo de que se ha hecho axiomático el dicho “la primera víctima de la guerra es la verdad”. (Seguir leyendo

 

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Fernando del Pozo, Almirante (Ret.) de la Academia de las Artes y las Ciencias Militares. Colaborador del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de Política Internacional.

 

 

 

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