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Implicaciones del fin del bloqueo a la producción de petróleo en Libia

Apunte 17 | 2020

6 Noviembre 2020

 

Guillermo Abio

 

Breve contextualización

El 18 de enero de 2020 Jalifa Haftar y sus fuerzas bloqueaban las principales terminales de petróleo del este de Libia, dando comienzo a un bloqueo que se mantendría ocho meses. Este parón, de duración indefinida en un principio, coincidió con la pandemia mundial causada por la Covid-19 y con el profundo impacto que ésta ha tenido en los mercados energéticos. El desplome histórico de los precios del petróleo obligó al club OPEP+ a recortar muy significativamente sus niveles de producción para contrarrestar de alguna manera esta drástica bajada.

A su vez, se ha producido un recrudecimiento de las relaciones interestatales en el Mediterráneo, donde la energía desempeña también un papel fundamental. Turquía reclama – con sus buques de guerra de fondo – derechos de extracción sobre aguas chipriotas y griegas; Francia le planta cara motivada, por un lado, por sus intereses económicos e históricos en la región, y por otro, para liderar una respuesta europea que no ceda geopolíticamente frente al expansionismo turco; Líbano e Israel se apresuran a acordar sus fronteras marítimas para desbloquear la explotación de campos gasísticos; Egipto acoge la sede del recién formado EastMed Gas Forum que busca aislar a Turquía de la arquitectura energética regional, etc. Estos movimientos están transformando las balanzas de poder en la región, y tienen su extensión en Libia en forma de guerra por delegación o proxy war.

Allí, como es conocido, Turquía apoya al Gobierno del Acuerdo Nacional (GNA), frente al amparo de franceses, rusos, emiratís y egipcios al Libyan National Army (LNA) de Haftar. Cada uno de ellos se encuentra presente en el escenario libio por diferentes intereses y de distinta índole: ideológicos, económicos o de seguridad. Se trata de esbozar el impacto que tendrá el conflicto en el tablero energético regional y mundial, así como los posibles escenarios futuros.

 

Grandes estrategias

Antes del bloqueo, Libia exportaba una cantidad significativa de petróleo a los tres mercados UE más importantes del Mediterráneo: España, Francia e Italia. Grecia y Turquía recibían en cantidades mucho menores. En condiciones normales, y de no ser por la Covid-19 y el descenso en las necesidades energéticas que ésta ha generado, la seguridad energética de estos tres países se hubiese visto seriamente amenazada por el bloqueo impuesto en el país norafricano. Además, la creciente inseguridad naval en las aguas orientales lleva tiempo amenazando la libre navegación y las garantías de llegada de los petroleros cargados con crudo libio a las costas meridionales europeas. Sólo Italia y España disponen de gasoductos que las conectan con el Norte de África y les permiten asegurar en mayor grado su suministro energético.

Al importar la mayor parte de su petróleo de Iraq, Grecia necesita que éste pase por los oleoductos turcos, o que viaje en barco desde Siria, lo que deja al país helénico en una posición de alta vulnerabilidad frente a posibles bloqueos navales. De la extrapolación de esta misma deducción al mercado gasístico, deriva la ferviente oposición turca a la construcción de un gasoducto que conecte Israel con Chipre y Grecia – EastMed –. Éste proporcionaría una vía segura de suministro desde Oriente Medio a Europa que no requeriría pasar por territorio turco ni por mar, lo que otorgaría una mayor autonomía a los gobiernos griego y chipriota, y reduciría a su vez el peso del país otomano como hub energético regional.

Los intereses económicos de las potencias regionales también se centran en los importantes flujos de capital que se genera con la explotación de hidrocarburos. Por poner un ejemplo, con estos ocho meses de parón, los activos de Repsol y TOTAL en Libia, tradicionalmente muy lucrativos para ambos gigantes, han visto amenazada su rentabilidad de forma repentina. Llegado este punto, y por continuar con la ejemplificación de los intereses empresariales, se torna importante matizar que el bloqueo petrolífero de Haftar se orientó a los campos del este del país, cuyas reservas equivalen aproximadamente a 2/3 de las reservas nacionales. En el caso de la italiana ENI, una gran parte de sus transacciones se localizan en la vertiente occidental de Libia – menos vulnerable al bloqueo –, y vienen a su vez respaldadas por la existencia del gasoducto Greenstream que, aunque de forma fluctuante, ha seguido suministrando gas a Italia. Estas inversiones han alterado de forma notable la estrategia de los ejecutivos en Libia y en la región, como se mencionará más adelante.

Mientras tanto, Turquía busca capitalizar su intervención en Libia asegurándose un porcentaje importante del gas y petróleo del país[i], en una estrategia que sin duda desafía el statu quo energético en el Mediterráneo, y que muchos actores tratarán de impedir.

 

El bloqueo y el mercado global de petróleo

En este contexto, la situación del crudo en Libia ha venido marcada este año 2020 por el bloqueo a las exportaciones petroleras impuesto por el LNA de Haftar desde enero. Como se ha mencionado, aproximadamente 2/3 de las reservas se encuentran en el este del país que el propio LNA y sus socios controlan. El problema surge de la ubicación de la Compañía Nacional de Petróleo (NOC) y el Banco Central – único cauce para comerciar con la NOC de manera legal – en el oeste del país, más concretamente en Trípoli, controlado por el rival GNA. Con esta distribución, el GNA recibía la totalidad del capital que entraba en el país como resultado de las transacciones petroleras, y lo usaba para su propia causa – en especial, para asegurarse la fidelidad de múltiples milicias. A raíz de esta situación, Haftar y el LNA, tras fracasar en su intento de crear su propia compañía de petróleo y su propio banco central, adoptaron una postura que demandaba una distribución más equitativa del dinero que ingresaba el país. Trípoli se negó, y llegó el bloqueo.

Grupos armados, entre los que se especula que podía encontrarse la compañía para militar rusa Wagner[ii], ocuparon las plantas de producción, y ésta cayó de 1.2 millones de barriles diarios (bpd), a 90,000 bpd en apenas un mes. No era la primera vez que se bloqueaban plantas de producción de petróleo en el contexto de la Guerra Civil Libia, pero los sabotajes anteriores habían sido puntuales y llevados a cabo por milicias. Se habían solucionado rápidamente con sobornos. Nunca había habido una estrategia enfocada a debilitar los ingresos del contrincante tan coordinada como la de este año, que incluía, además, la ocupación armada de los principales puertos de salida para el crudo libio: Es Sider, Ras Lanuf y Zawiya, entre otros.

Así se mantuvo la situación hasta el pasado 18 de septiembre, cuando ambos bandos anunciaron un acuerdo en la redistribución de los ingresos que permitía desbloquear la situación y levantar el bloqueo[iii].

Para supervisar el cumplimiento con los términos del acuerdo – por un lado, las obligaciones financieras, y por otro, la seguridad de las plantas productoras y puertos de salida – se creó un comité conjunto. En un principio, el acuerdo se alcanzó con duración de un mes, pero, con esa fecha límite ya rebasada, la producción petrolera continúa aumentando en el país y el optimismo de que pueda prolongarse se ha disparado con la tregua alcanzada entre ambos bandos[iv]. Los niveles de producción superaron a finales de octubre los 800,000 barriles por día (bpd), y se espera que alcancen los 1.3M bpd a principios de 2021[v], algo impensable unos días después del acuerdo cuando los analistas situaban una producción de entre 600,000 y 1M bpd para finales de 2020, unas cifras que finalmente se rebasarán con creces. Además, el comité de supervisión quedó establecido hasta 2021, por lo que todo hace indicar que el bloqueo no se reimpondrá en el medio plazo.

En paralelo, hay que tener en mente la crisis en la demanda de energía generada a raíz de la pandemia de la Covid-19, y sus efectos en un mercado petrolífero que vio en mayo de 2020 valores que no se veían desde antes del embargo de los países árabes a principios de la década de los 70. La OPEP+ tuvo que apretarse el cinturón y aplicar ‘techos’ muy exigentes a la producción de sus miembros para detener el desplome del precio del barril Brent.

Estos precios tan bajos han tenido un efecto devastador para un sector en particular de la industria petrolera: el fracking americano. Con su elevado coste de producción, ya sorprendió resistiendo las políticas de sobreproducción – y, por tanto, de bajada intencionada de precios – que desde 2014 impuso la OPEP+ precisamente con el objetivo de ahogar a este sector americano que rivaliza con sus países miembros[vi].

Sin embargo, el panorama indica que será difícil sostener esta vez el sector del fracking en Estados Unidos. Whiting Petroleum declaró bancarrota en abril por la falta de liquidez que resultó de la caída drástica de sus ingresos; Concho Resources se vio abocada a una venta billonaria (9.7B USD) tras perder el 40% de su valor en 2020, y Halliburton ha caído casi un 50% en lo que va de año y se ve obligada a plantear recortes que superan los 800M USD. Un descalabro sin precedentes que empujará al sector a quedar en manos de un menor número de empresas.

Con los grandes exportadores de petróleo controlando su producción para no desplomar más aún los precios y muchos de ellos sufriendo para mantenerse a flote, el mercado recibe un “nuevo” input con el regreso del crudo libio, que además quedó explícitamente exento de los recortes en la producción acordados en el marco OPEP+. Es sorprendente que ciertos actores importantes en el conflicto – Rusia – hayan, no solo aprobado, sino incluso buscado la restauración de la producción petrolera en Libia teniendo en cuenta que no ayudará a la recuperación de los precios.

 

Objetivos de los actores regionales

Respondiendo al interrogante anterior, el interés internacional en la normalización de la producción en Libia ha de entenderse sobre la base de tres vectores. El primero, la búsqueda de la estabilización general del conflicto y la premisa de que un respiro a la economía mediante un acercamiento entre ambos bandos, ayudará a la causa. El segundo, los intereses empresariales que distintos estados mantienen en el país. Y el tercero, la pugna por el dominio de los recursos energéticos en la ribera oriental del Mediterráneo, que añade valor estratégico a las reservas libias e impulsa los esfuerzos por controlarlas.

Estos tres vectores son de capital importancia para comprender las estrategias de los diferentes actores estratégicos involucrados en Libia. La importante presencia de Total, Repsol o OMV AG en el mayor campo petrolífero – Sharara – ha sido un factor en los reiterados esfuerzos europeos por enfriar el conflicto. También lo fue para Turquía la búsqueda de contratos y derechos de explotación a la hora de decidir entrar directamente en el conflicto armado, o para Italia el control de milicias pro-turcas sobre los campos de gas y petróleo adjudicados a ENI en el oeste del país, en su decisión de bloquear las sanciones de la UE a Turquía. Los intereses económicos y energéticos marcan las estrategias.

En este sentido, ningún cálculo puede dejar fuera la cruzada turca en el Mediterráneo para la obtención de recursos energéticos. En su flanco suroeste, su estrategia se articula sobre dos ejes fundamentales: el rediseño del reparto de aguas y zonas económicas en las aguas mediterráneas, y la consecución de contratos importantes para sus empresas en la región. Ambas motivan su presencia en Libia. Para el primero, firmó con el GNA un acuerdo bilateral para la delimitación de Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) que ya ha sido, por cierto, registrado por Naciones Unidas, y que apoya sus reclamos sobre aguas que tanto Chipre como Grecia reclaman como propias. Para el segundo, ambos ejecutivos estamparon su firma en un acuerdo para potenciar e incrementar la cooperación económica y la inversión entre los dos países durante la Plataforma de Negocios Turquía – Libia que se celebró en octubre de 2020. Turquía se convirtió además, en el segundo mayor exportador a Libia, sólo tras China y por encima de la UE, en 2019. Los países europeos, y en especial Italia, temen que la creciente influencia de Turquía en la economía de Libia pueda perjudicarles y pierdan contratos multimillonarios en favor de Ankara[vii].

Francia ha enfrentado esta situación con una estrategia agresiva, con el envío de buques de guerra a aguas chipriotas y la realización de ejercicios militares con Egipto y con Grecia en aguas cercanas a Turquía. El envío de mercenarios sirios al Alto Karabaj por parte de Ankara, y el proceso judicial abierto a Charlie Hebdo en Turquía de la mano de una retórica que alimenta actos terroristas, tampoco han ayudado al acercamiento de posiciones entre dos estados que, no hay que olvidar, comparten membresía en la OTAN. Para Italia, el conflicto en Libia y en las aguas de su flanco este, supone una difícil coyuntura. Mientras choca con Turquía en lo relativo a las aguas chipriotas en las que ENI tiene contratos en colaboración con TOTAL, una actitud hostil hacia la administración Erdogan podría desembocar en el bloqueo de la planta gasística de Mellitah – en el oeste de Libia controlado por milicias pro-turcas – que abastece al gasoducto Greenstream.

Es por ello que, en Libia, Italia se ha inclinado más hacia un apoyo tácito al GNA: porque este era el actor capaz de garantizar el suministro de gas, y capaz de cerrar el grifo. En el Mediterráneo oriental, sin embargo, se ha visto a forzado a postularse como un actor crítico hacia el expansionismo turco y su acuerdo bilateral de delimitación de fronteras marítimas con el GNA, llegando incluso a participar en ejercicios militares con Francia y Grecia, y a alcanzar su propio acuerdo con Atenas para delimitar las fronteras marítimas. Eso sí, jamás ha podido acercarse al grado de confrontación que presenta París.

Por su lado, Rusia basa su estrategia en la consecución de un rédito político que le permita convertir su presencia en Libia en permanente y recuperar la influencia que tenía en el país antes del derrocamiento de Gadafi en 2011. Su política proactiva en la región de Oriente Medio y el Norte de África, le permite ser un actor con influencia en numerosos espacios regionales a los que quiere añadir Libia a medio y largo plazo. Además, como en el caso de Turquía, su interés en establecerse en Libia acompaña una política expansiva en el continente africano en su totalidad. Por otro lado, el Kremlin también busca su porción de influencia en el mercado energético regional, si bien no mediante el control directo, sí que, al menos, teniendo un peso importante en el desenlace del conflicto, que a buen seguro marcará los equilibrios energéticos regionales del futuro.

Si Turquía se acaba imponiendo en Libia y logra una mayor implantación de sus empresas en la industria petrolífera libia, así como un control militar sobre el corredor marítimo que une a ambos países, habrá puesto la primera piedra para su dominio en la región. Por ello no es buena noticia para Europa la entrada del país otomano en el escenario libio, ni el cambio radical que ésta infringió al conflicto. Tampoco es buena noticia la firma de un acuerdo de seguridad entre Qatar, aliado cercano de Turquía, y el GNA. La tendencia que se podía deducir de la tregua, y que viraba hacia la reducción del peso de las milicias islamistas financiadas por el eje Ankara – Doha en el escenario libio, peligra más aún tras la firma de este acuerdo[viii]. Si Turquía atrae de forma permanente a Catar en Libia, las noticias serán aún peores para Europa por la peligrosa combinación entre músculo económico y músculo militar que se esgrime de esta coalición.

Seria precipitada toda conclusión que no espere a conocer el destino de las conversaciones de paz que actualmente mantienen ambos bandos, y que han levantado cierto optimismo en cuanto a una posible solución para el conflicto en Libia. Está por ver la duración y las implicaciones reales del acuerdo – si es que se alcanza –, y si la estabilidad en el país a medio plazo puede llegar de su mano. Es difícil imaginar un gobierno provisional capaz de mantener el orden durante varios meses hasta la celebración de elecciones, o pensar en un ejecutivo formado por personas de las diferentes facciones.

 

Conclusiones

A nivel interno, el acuerdo alcanzado el pasado mes de septiembre para poner fin al bloqueo petrolero, puede interpretarse como la primera piedra que acercó de forma considerable la tregua posteriormente alcanzada. El entendimiento en una materia de tal calado muestra, al menos, cierta predisposición por parte de ambos bloques, que se materializó en la reanudación de las conversaciones de paz actualmente en marcha.

El desarrollo de los acontecimientos es probable que lleve a Europa a una situación de confrontación con Turquía que se extiende a los sectores económico, militar e ideológico, y

[i]DAILY SABAH, (2020, 13 de septiembre). Libya calls for Turkish energy firms to take larger share of natural gas reserves. Daily Sabah. Disponible en: https://www.dailysabah.com/business/energy/libya-calls-for-turkish-energy-firms-to-take-larger-share-of-natural-gas-reserves

[ii] SZUBA, M., (2020, 26 de junio). Intel: Russian mercenaries enter key oil field, Libya oil company says. Al-Monitor. Disponible en: https://www.al-monitor.com/pulse/originals/2020/06/intel-russia-mercenaries-enter-libya-sharara-oilfield-wagner.html

[iii] EUROPAPRESS, (2020, 18 de septiembre). Haftar anuncia el reinicio de la producción en los campos petroleros de Libia tras meses de bloqueo. Europapress. Disponible en: https://www.europapress.es/internacional/noticia-haftar-anuncia-reinicio-produccion-campos-petroleros-libia-meses-bloqueo-20200918155045.html

[iv] AL JAZEERA (2020, 23 de octubre). UN says Libya sides reach ‘permanent ceasefire’ deal. Al Jazeera. Disponible en: https://www.aljazeera.com/news/2020/10/23/un-says-libya-sides-reach-permanent-ceasefire-deal

[v] MOHAREB, H., (2020, 31 de octubre). Surging Libyan Oil Output Nears 1 Million Barrels a Day. Bloomberg. Disponible en: https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-10-31/libya-s-daily-crude-output-surges-to-800-000-barrels

[vi] PARDO DE SANTAYANA, J., (2020, 13 de mayo). Coronavirus y petróleo: consecuencias geopolíticas. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Disponible en:

http://www.ieee.es/temas/energia/2020/DIEEEA15_2020JOSPAR_petroleo.html

[vii] TANCHÜM, M., (2020, 23 de septiembre). Libya, energy, and the Mediterranean’s new ‘Great Game’. Real Instituto Elcano. Disponible en: http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_en/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_in/zonas_in/ari110-2020-tanchum-libya-energy-and-the-mediterraneans-new-great+game

[viii] ATALAYAR, (2020, 27 de octubre). Qatar signs an agreement with Sarraj which could destabilise the Libyan peace process. Atalayar. Disponible en: https://atalayar.com/en/content/qatar-signs-agreement-sarraj-which-could-destabilise-libyan-peace-process

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