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Elecciones Generales 2019. Reflexiones para los partidos políticos

Análisis 3 /2019

Jesús De Ramón-Laca

 

Resumen

El reto de proponer una guía general para ayudar a los partidos políticos a elaborar sus programas en temas de seguridad y defensa de cara a las próximas elecciones en el ambiente actual se antoja demasiado complejo, por no decir imposible. El objetivo de esta reflexión es más bien dotar tanto a los comicios venideros como al tema a tratar –la seguridad y defensa en España- del debido contexto histórico y geoestratégico, para acto seguido proponer una serie de cuestiones, tanto técnicas como conceptuales, que puedan ayudar a los distintos partidos políticos a plasmar mejor y más claramente sus propuestas de cara a la sociedad.  En cuanto a la parte técnica se refiere, este estudio se basa en gran medida en el ejemplo de la estrategia americana conocida como “Tercer Offset”, fruto de su White Paper – Documento Estratégico- sobre defensa nacional, por motivos que se explicarán en el artículo.

Introducción

Las FFAA españolas, tanto por su naturaleza como por la necesidad de las circunstancias, siempre han sido muy polivalentes. La realidad de la milicia y su vocación de obediencia y servicio al control civil (político), dictan que, como institución, siempre se adaptará a los objetivos políticos marcados y a los recursos disponibles. De no haber elecciones o futuros presupuestos a la vista hoy, los Ejércitos (mal)funcionarían un año más con la prórroga de los presupuestos anteriores sin mayor queja o trascendencia mediática pública. Ahora bien, puestos a reflexionar, ¿en qué gastar nuestros escasísimos recursos dedicados al campo de seguridad y defensa?  Aprovechando la coyuntura electoral actual, vamos a elaborar, más que una lista de programas o planes de gasto e inversión específicos, una serie de reflexiones que pudieran ser útiles a los distintos partidos políticos, a la hora de elaborar sus programas en este campo tan ignorado como incómodo para la mayoría de ellos. Ello requerirá en primer lugar, una contextualización de la situación política actual, para poder después ofrecer algunas ideas que puedan derivar en un plan de propuestas técnicas coherentes.

 

Situación política actual

España entra, por tercera vez en los últimos cuatro años, en periodo preelectoral de elecciones generales. Por tercera vez consecutiva, también se espera con tasi total seguridad que ningún partido obtenga la mayoría absoluta de 176 diputados necesaria para gobernar en solitario. Las dos últimas legislaturas han sido especialmente cortas y accidentadas: La XI legislatura, apodada “la legislatura fallida”, ha contado con un presidente y gobierno en funciones durante su corta duración, de diciembre de 2015 a junio de 2016; y la presente, la XII, ha presenciado el primer cambio de gobierno traído por una exitosa moción de censura, que ha instalado al gobierno parlamentariamente más débil de la historia de nuestra breve democracia (84 diputados). Este gobierno, ya formado con la inicialmente autoproclamada vocación de ser “provisional”, ha terminado cumpliendo el periodo más corto de un ejecutivo al frente de la nación en esta época contemporánea. Por si no fuera poco, estas dos legislaturas no han hecho más que confirmar el ocaso del cómodo y relativamente estable sistema de bipartidismo reinante entre PP y PSOE hasta la fecha, que se alternaban en el poder con o sin el apoyo de los partidos nacionalistas, en función de la existencia o no de una mayoría absoluta.

En la actualidad, existen cuatro partidos con una sólida presencia a nivel nacional; PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, y se espera la irrupción de uno más, VOX. Dichas fuerzas políticas convivirán con los partidos nacionalistas tradicionales, algunos de los cuales siguen manteniendo su posición abiertamente rupturista con el mismo concepto de la nación española como marco jurídico y político de actuación. Con esta gran fragmentación del espectro político, unido a la transversalidad de los ejes ideológicos izquierda/ derecha, constitucionalistas/ independentistas, bi-partidistas/ reformadores y directamente antisistema, que guían y con los que se identifican los diferentes partidos, resulta muy complicado hacer predicciones demoscópicas, así como concebir o recomendar programas políticos específicos y de máximos para cada uno de ellos.

La polarización del debate político en España, que comenzó en 2004 con el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, es evidente. Según la narrativa que emana de los distintos bloques refiriéndose al contrario podría desprenderse que existe una gran confrontación entre, por un lado, un supuesto “Frente Popular de izquierdas”, compuesto por los dos principales partidos de izquierdas, PSOE y Podemos, sumados a los nacionalistas e independentistas, y por el otro lado, las supuestamente “tres derechas reaccionarias”; PP, Ciudadanos y VOX. Los primeros, las izquierdas, buscarían supuestamente la disgregación de España y la imposición de (uno o varios) regímenes de extrema izquierda totalitarios, violentando el orden constitucional para perpetuarse en el poder. Los segundos, las derechas, tendrían como objetivo re-centralizar, drástica e inconstitucionalmente, la administración de la nación revirtiendo y destruyendo el estado de bienestar y los derechos adquiridos (dicen “conquistados”) en los últimos 40 años de democracia, retrotrayéndonos al régimen preconstitucional franquista anterior a 1975.

El cuadro pintado por la división descrita en estas narrativas es claramente muy simplista y maniqueo en muchos aspectos, pero basta ver las recurrentes llamadas al enfrentamiento ideológico, y las constantes propuestas de “líneas rojas” cambiantes y cordones sanitarios descartando futuros pactos con partidos rivales, para comprobar que muchísima gente, y los partidos mismos en sí, parecen haber comprado, en mayor o menor medida, esta mercancía.En este ambiente, cada partido político encara la elaboración de su programa de máximos consciente por un lado del bloque en el que está supuestamente encuadrado, buscando por el otro también diferenciarse de sus afines políticos para no perder su espacio individual.

El discurso político en España sobre temas de seguridad y defensa ya es incómodo y poco atractivo electoralmente de por sí, como también lo es en Alemania, por ejemplo, como reacción a las cuatro décadas de régimen autoritario que sufrió España durante la segunda mitad del Siglo XX. A esto hay que añadirle la crisis de identidad y valores que está afectando a la cultura occidental en su conjunto, que nos lleva a cuestionar temas tan trascendentales y consustanciales a nuestra forma de vida como nuestro sistema capitalista, nuestra apuesta por el libre comercio, la soberanía sobre y el control efectivo de nuestras fronteras, la reacción ante los flujos migratorios en un mundo globalizado, y en definitiva, la gestión de nuestras presentes libertades, bienestar, relativa opulencia y todavía existente gran ventaja tecnológica, económica y militar sobre el resto del mundo.

Ante este escenario tan complejo y potencialmente contradictorio, a la hora de plantear posicionamientos y propuestas electorales, nos vemos obligados a simplificar enormemente los temas de seguridad y defensa en torno a dos ejes principales: debemos preguntarnos en primer lugar, qué defendemos y qué estamos dispuestos a arriesgar/sacrificar; y en segundo lugar, cuánto queremos gastar y en qué queremos hacerlo. Estas son las dos preguntas a las que tendrán que responder internamente todos los partidos, independientemente de cómo lo quieran luego transmitir o vender a su electorado. Cualquier partido que no tenga clara estas dos cuestiones o intente engañar a sus potenciales votantes, no estará sino haciéndose trampas a sí mismo y elaborará, en consecuencia, un programa confuso y repleto de contradicciones.

 

¿Cuáles son las principales disyuntivas que plantean estas dos cuestiones?

1. En el plano conceptual: qué defendemos y qué estamos dispuestos a arriesgar/sacrificar

¿Se defiende abiertamente la unidad de España? ¿Se acepta por tanto el derecho y el deber de defender dicha unidad con las armas, con las FFAA sí la situación lo requiriese? Resulta triste, si, pero necesario, hacer esta reflexión. Puede incluso sonar a pregunta perogrulla y provocadora, pero es una pregunta consustancial a nuestro juramento de bandera en nuestras FFAA (homologable, dicho sea, a cualquier juramento similar en todos los países del mundo), y a día de hoy no se conoce a militar alguno que sostenga públicamente que haya jurado en falso.

¿Se defiende, de la misma manera, externamente la independencia y soberanía de España? Otra vez, la mera formulación de esta pregunta puede resultar chocante e incluso grotesca, pero no olvidemos que ya en la VII Legislatura, en 2005, tuvimos nada menos que un Ministro de Defensa que afirmó públicamente que “prefería que me maten a matar como convicción moral personal”, y enmarcaba cualquier uso de fuerza militar de nuestras FFAA en la “legitimidad de las Naciones Unidas”[1].  Como reflexiones morales interiores exclusivamente personales pueden considerarse válidas e incluso loables, pero llevado al marco público e institucional, son sintomáticas de un problema de fondo que es imperativo afrontar.

¿La defensa de nuestra independencia y autonomía como nación va a incluir el control sobre, y la defensa si es necesario, de nuestras fronteras? Una vez más, la pregunta puede sonar a obviedad, pero tampoco hay que olvidar que hay partidos y líderes que hoy cuestionan abiertamente no ya la defensa de, si no la existencia misma de fronteras, así como la legitimidad de cualquier control sobre flujos migratorios, sean legales o ilegales (“ningún ser humano es ilegal”). Existen en la actualidad deficiencias notables en el cumplimiento de la legislación nacional y tratados internacionales vigentes hoy en este ámbito. A nivel europeo sin ir más lejos, el tratado de Schengen firmado en 1985 y en vigor desde 1995. Éste de nuevo, no es un problema exclusivamente español: los complejos y la indefinición al máximo nivel afectan a la casi totalidad de las naciones europeas e incluso a otras occidentales como EEUU (obsérvese el debate en torno al “muro” en la frontera de EEUU con Méjico y sus connotaciones sobre cómo afrontar la inmigración legal e ilegal en ese país). En España, afrontamos incómodamente la existencia de hecho de dos muros, en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, pero cualquier discusión sincera y práctica sobre su naturaleza o mejoras en su gestión nos resulta tabú. Lo mismo se puede decir sobre la igualmente incómoda realidad de la práctica de devoluciones en caliente puntuales de inmigrantes ilegales y la existencia de centros de internamiento, que en la actualidad se encuentran desbordados y en una situación que amenaza con el colapso total[2].

Aquí, otra vez, no hay que caer en la falsa premisa de que son problemas tan inasumibles que no se deberían ni abordar abiertamente; países homologables de nuestro entorno occidental, como Canadá o Australia[3], nada acusados de intolerantes, racistas o xenófobos, han conseguido plasmar unas políticas de inmigración y control de sus fronteras muy serias y coherentes -incluyendo, si, deportaciones cuando se considere oportuno- y sobre todo muy consecuentes con su soberanía y prioridades como nación a la hora de aceptar o no los flujos migratorios que se producen en un mundo crecientemente globalizado.

También en el plano conceptual se encuentran las alianzas dentro de nuestro entorno estratégico. España se encuentra hoy firmemente encuadrada dentro de lo que se denomina como “el mundo occidental”, liderado, no formal ni muy rígidamente, por Estados Unidos y pivotando a grandes rasgos todavía en torno al conocido como vínculo trasatlántico (EEUU – Europa, representado por la OTAN). Esta es una realidad histórica, geográfica, social y cultural. Es el bloque en el que se encuentran, y no por azar o casualidad, la práctica totalidad de los países del denominado “primer mundo”, y la principal razón por la que en España disfrutamos de unos índices de bienestar, libertades y relativa opulencia que convierten a occidente (algo que nos resulta incómodo como sociedad) en precisamente el destino más deseado de tantos inmigrantes en este mundo tan globalizado. De nuevo, la constatación de esta realidad le puede chocar a mucha gente por considerarla una obviedad, pero en temas de relaciones exteriores y seguridad y defensa, existen partidos en España en cuyos idearios se incluyen reflexiones que sugieren cambios de alianzas que nos llevarían a dejar este bloque, a favor de una alineación con otros grupos de naciones. Los distintos partidos políticos harían bien en reflexionar públicamente sobre estos posicionamientos y explicitarlos mucho más nítidamente en sus programas, para así poder cuadrar el resto de sus programas mucho más coherentemente en el debido contexto geopolítico por el que abogan.

 

 

2. En el plano material: cuánto queremos gastar y en qué queremos hacerlo

Más allá del dilema que aflige a occidente en general, principalmente el que nuestras sociedades de bienestar demandan invertir cada vez menos y menos recursos en seguridad y defensa en beneficio de otras áreas como servicios sociales, sanidad, educación, etc., España afronta unas disyuntivas propias de cualquier nación media en un mundo cada vez más tecnológicamente sofisticado y complejo: Cuánto gastar y, más importantemente, en qué programas específicos.

¿Cuánto gastar?  Ni un euro más de lo absolutamente necesario, ni un euro menos de lo absolutamente imprescindible. ¿Cómo le ponemos una cifra? Ahí entra la política, el nivel de ambición y compromiso. No hay otra forma de afrontarlo y/o venderlo al electorado. Es importante, en este aspecto en particular, resaltar que lo que se debe asumir es un compromiso sobre capacidades, NO un compromiso social sobre el tamaño de las FFAA en torno a un número especifico de efectivos empleados. El número de efectivos vendrá condicionado por el nivel de ambición sobre capacidades, y no a la inversa. En caso de querer tomar alternativamente como “objetivo social” a conseguir, el empleo de cierto número de personas en detrimento de otras consideraciones como efectividad y operatividad, esto se debería, una vez más, asumir publica y proactivamente en dicho programa electoral para así evitar hacerse trampas en el solitario y caer en constantes contradicciones.

Aquí es imprescindible tomar otro factor en consideración: Ya que el objetivo es conseguir unas determinadas capacidades operativas de defensa, cuando se hace referencia a lo “absolutamente imprescindible”, de lo que se habla es de conseguir unas FFAA, independientemente de su tamaño (pongamos, por ejemplo, un nivel de ambición hipotético ridículamente bajo de, digamos 200 efectivos a nivel nacional), capaces de operar. Podría darse el caso de que decidiéramos gastar como nación la cifra no desdeñable de, por ejemplo, diez millones de euros, pero que con eso no consiguiésemos que esos 200 efectivos tuvieran ninguna capacidad operativa real. Pues bien, dicho gasto, objetivamente minúsculo, sería de por sí inútil y por lo tanto superfluo y un derroche innecesario de recursos públicos. Por debajo de cierto umbral operativo, cualquier gasto en seguridad y defensa en sí resultará por definición inútil e injustificado.  En este aspecto, cabe reseñar que la cúpula de las FFAA lleva años advirtiendo a sucesivos ejecutivos y a la clase política de todos los partidos que, en ciertas áreas, el bajo nivel de gasto comprometido se está acercando peligrosamente a esa barrera crítica[4].

Como normas indicativas a la hora de comprometerse con un nivel de gasto específico, valgan otras dos reflexiones: España, como miembro de la OTAN, se ha comprometido periódica y firmemente, junto a la totalidad de sus homólogos aliados, al objetivo de gasto del 2% del PIB en temas de seguridad y defensa para el año 2024. Cualquier divergencia de este objetivo propuesta por los partidos (seguramente a la baja), debería ser en su caso formal y proactivamente anunciado y explicado en su programa electoral. El PP por ejemplo, así lo ha insinuado en sus últimos presupuestos, hablando de una cifra más realista del 1.35%. Como indicación, según el informe anual de la OTAN, presentado este mes de marzo por el secretario general de la organización, Jens Stoltenberg, España destinó el 0,93% del PIB durante el año 2018 a estos gastos.

Segunda reflexión: En la actualidad, el gasto en retribuciones de personal (sueldos y salarios) en los presupuestos, conocido como “Capítulo I”, gira a grandes rasgos en torno al 60%-70% del total. Muchos expertos en la materia opinan que en el presente ecosistema cada vez más tecnológicamente sofisticado, esta cifra no debería superar en ningún caso el 50% para mantener viable la anteriormente citada operatividad de dichas fuerzas.

¿En qué programas específicos gastar? Las plataformas y los equipos que desarrollamos en el sector de seguridad y defensa son cada vez mejores y más seguros y eficaces, sí, pero también por ello más complejos y caros.  Unos sistemas que nos proporcionan cada vez más superioridad militar sobre potenciales adversarios, cierto, pero que conllevan una mayor inversión (tanto en el material en sí como en el adiestramiento y entrenamiento necesarios para su correcto y eficaz empleo), como mayor mantenimiento y constantes actualizaciones. Las ventajas cada vez más evidentes en temas tecnológicos de mejores y más seguras comunicaciones, de la automatización y la interconectividad de distintos sistemas, de la cada vez más precisa geolocalización, etc., también tiene implicaciones de cara al coste de la compatibilidad e interoperabilidad entre sistemas, no sólo dentro de mismas unidades, si no entre ejércitos enteros e incluso distintas fuerzas de países (aliados) diferentes.

Todos estos son sin duda factores en el fondo positivos, pero la creciente sofisticación de los sistemas nos ha llevado también a situaciones en las que seguimos pagando por sistemas y proyectos todavía ni siquiera operativos, que ya se consideran casi obsoletos y poco compatibles con otros equipos, y cuyos costes de mantenimiento y/o recambios se han disparado al haberse cancelado o drásticamente reducido su producción respecto a lo originalmente planificado. El proyecto europeo del avión de combate Eurofighter es un caso muy ilustrativo:  La aeronave en sí funciona, cierto, y tiene sin duda muchas cualidades muy versátiles, pero entró en servicio muy fuera de plazo a un coste muy superior a lo originalmente concebido, y ya se considera obsoleto para ciertos cometidos y poco compatible con muchos entornos del nuevo “ecosistema” de defensa[5].

Con estas reflexiones, lo que se quiere resaltar es el peligro de, a la hora de elaborar o apadrinar proyectos específicos en temas de seguridad y defensa, caer en la tentación de centrar las propuestas electorales exclusivamente en una serie de proyectos estrella o “bandera”. Así como en el campo del discurso político se puede caer en la apuesta y dependencia excesiva en los eslóganes políticos biensonantes en detrimento de los objetivos estratégicos en sí, en departamentos y ministerios como Fomento y Defensa, se puede caer también en la dependencia excesiva en macro-proyectos (puentes, presas, túneles) específicos o programas (Submarino S-80, Fragatas AEGIS, Eurofighter, blindado 8×8, carro Leopard, etc.) estrellas.

En las FFAA españolas particularmente, dada su historia no tan lejana cuando los tres ejércitos (Tierra, Mar y Aire) contaban cada uno con su Ministerio y ministro autónomo, a la hora de elaborar prioridades presupuestarias existe todavía cierta inercia que exige una igualdad entre las tres armas. Tras asegurarse en su día la Marina unas nuevas fragatas AEGIS, y el Ejército del Aire el proyecto paneuropeo del Eurofighter, existió un consenso generalizado en torno a la obtención de la nueva generación de carros Leopard para el Ejército de Tierra.  Sin querer entrar a valorar la idoneidad o no de dicho gasto y dichos carros (muy versátiles en sí), la reflexión a hacer es que dichas consideraciones no deberían de formar parte de una propuesta política electoral de un partido a la hora de elaborar su programa.

Dicho esto, entonces, y volviendo a la reflexión central: ¿en qué proyectos o sistemas específicos invertir?  ¿cuáles son necesarios y cuales no tan aconsejables?

Aquí, como reflexión general, vamos a echar mano de un concepto de actuación –más una filosofía, un enfoque- que adoptó recientemente la administración americana, y que a grandes rasgos y ya con denominaciones y matices distintos sigue manteniendo hoy, conocido como “El Tercer Offset”. EEUU es a día de hoy sin lugar a dudas no sólo todavía el líder natural del mundo occidental en el que estamos firmemente encuadrados es también todavía la referencia absoluta a seguir en temas de industria e inversión militar, la nación que a día de hoy todavía más directa e indirectamente afecta y moldea el cambiante ecosistema en temas de seguridad y defensa en el mundo. Es correcto mirarse en el espejo –con los matices necesarios propios de una potencia media- de los EEUU a la hora de abordar estos temas.

 

 

Iniciativa de Tercer Offset de Estados Unidos

El término “Offset” literalmente quiere decir “compensación”. Una Offset Strategy es una estrategia diseñada para compensar una o varias desventajas percibidas en una revisión estratégica. Las primeras dos estrategias Offset fueron concebidas principalmente para compensar la inferioridad numérica de las tropas de EEUU frente al bloque soviético en el escenario europeo durante la guerra fría. La primera se elaboró en la década de 1950. Se primó la superioridad nuclear aun existente por parte de EEUU a través de grandes inversiones en bombarderos estratégicos de largo alcance y misiles intercontinentales. Durante este periodo, la Fuerza Aérea acaparó el 43% del presupuesto de defensa en detrimento sobre todo del Ejército de Tierra.  La segunda Offset Strategy surgió en la década de los 70.

Perdida la ventaja nuclear americana inicial, se primó la supremacía tecnológica de EEUU mediante el énfasis en tecnologías “Stealth” (ocultación), municiones precisas/inteligentes y sistemas C4ISR (Comando, Control, Comunicaciones, Computación, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento). En ambos casos, el objetivo era conseguir que la superioridad tecnológica americana actuase como un “multiplicador de fuerza” para compensar la inferioridad numérica de tropas y carros frente al bloque soviético durante la Guerra Fría.

La actual iniciativa de Tercer Offset surge por dos principales factores: por un lado, la conciencia por parte de EEUU, sobre todo tras la crisis financiera de 2008, de que sus presupuestos se iban a enfrentar a un periodo de austeridad fiscal con horizonte indefinido, y por otro lado, la conciencia de que el ecosistema de seguridad y defensa global había cambiado notablemente desde el final de la guerra fría. El colapso del bloque soviético en la década de 1990 trajo la “regionalización” del marco geopolítico, tanto de alianzas como de crisis, y los avances tecnológicos y la globalización habían “democratizado” y universalizado el acceso a muchos instrumentos de poder militar sofisticado otrora reservados a y exclusivos de grandes potencias. EEUU percibía cómo estaba perdiendo el cuasi-monopolio que disfrutaba sobre las municiones inteligentes y el C4ISR al tiempo que potencias ascendentes regionales, notablemente China en la región Asia-Pacífico, estaban desarrollando capacidades cada vez más robustas y versátiles de A2/AD (Anti-Access/Area Denial – Negación del espacio y del control al adversario).

La filosofía detrás del Tercer Offset resultante no es un programa de adquisiciones específicas. Muchos de los programas por los que aboga o fomenta están todavía en fase puramente conceptual o de diseño, e incluso alguno ya ha sido suspendido por falta de fondos. El Tercer Offset solo aspira a identificar capacidades y establecer prioridades, y seguramente, si se acaba implementando satisfactoriamente, sus principales logros no se medirán en términos de uno u otro producto específico, sino en tendencias que haya conseguido cambiar o revertir, como el peso relativo de aviones tripulados y no tripulados en las fuerzas aéreas. Por ahondar incluso un poco más en tendencias específicas, el Tercer Offset estadounidense claramente prima la inversión en las Fuerzas Aéreas y la Marina en detrimento del Ejército de Tierra/Infantería de Marina (lo cual no quiere sugerir que necesariamente tengamos que asumir nosotros mismos la misma conclusión respecto a las FFAA españolas). En este aspecto en EEUU por ejemplo, muchas unidades de tierra se están aferrando al concepto de “Operaciones Especiales” para mantener su relevancia en el nuevo marco.

Como modo ilustrativo, en el Tercer Offset de EEUU priman también claramente los sistemas no tripulados frente a los tripulados, por lo que también se espera una fuerte contestación a la inevitable reducción de personal, en especial en lo referente a veteranos y heridos de guerra.  El ascenso de los sistemas no tripulados también supondrá el cambio del peso relativo del personal puramente militar frente al civil y de apoyo técnico en las FFAA, que deberán también afrontar.

El Tercer Offset estadounidense plantea no solo una revolución en cuanto a nuevos sistemas y plataformas, sino también un mucho más riguroso modelo de adquisiciones y financiación de Departamento de Defensa en su totalidad. La vertiente de prácticas de adquisición de material y nuevos proyectos, y las eficiencias financieras requeridas conlleva asimismo un nuevo y riguroso sistema de auditorías transparentes e independientes de las FFAA.  En 2014, los Marines de EEUU fueron el primer cuerpo en pasar completamente una de estas auditorías, y se prevé que para finales de 2019 lo hayan pasado tanto los restantes cuerpos del ejército como el Departamento de Defensa en sí[6].

En el caso específico americano, el Tercer Offset los llevó a las siguientes conclusiones:  Pese a perder su cuasi-monopolio en ciertas tecnologías militares y su posición de única e indiscutida potencia global (incluso discutiblemente potencia regional en todas las regiones del mundo), EEUU posee todavía varias ventajas innegables que debe seguir explotando lo máximo posible y en las que debe de seguir invirtiendo. Simplificando enormemente, a modo de ilustración, vamos a centrarnos en cinco de estas ventajas. No es una lista exhaustiva y se solapan entre sí:

– Operaciones Aéreas No Tripuladas. Ventajas evidentes: Se eliminan factores limitantes como riesgo físico de bajas humanas, fatiga, enfermedad (guerra química y biológica) y costes de entrenamiento, rotaciones de descanso etc.  La flota aérea actual de naves no tripuladas (drones, etc.) está compuesta por demasiadas aeronaves de autonomía y alcance medios frente a alta, y demasiadas sin tecnología Stealth. El objetivo americano es invertir ambas situaciones.

– Operaciones Aéreas de Largo Alcance. EEUU es el líder indiscutible y todavía única potencia con alcance aéreo realmente global, sobre todo para operaciones de bombardeo pesado. Para maximizar dicha ventaja, se primará la inversión en repostaje aire-aire como principal “activo facilitador”, especialmente los no-tripulados (tanto para abastecer a naves tripuladas como no-tripuladas).  La flota aérea de repostaje aire-aire  actual está compuesta por demasiadas aeronaves de alcance corto frente a largo, y tripulados frente a no tripulados. El objetivo, otra vez, es invertir ambas tendencias.

– Operaciones Stealth (Low Observable Air Operations).  EEUU posee amplia experiencia de combate aéreo a gran escala desde la operación Desert Storm en Irak en 1991. Estas operaciones permiten ataques precisos sobre espacio aéreo no controlado o enemigo. En este respecto, la flota aérea actual está compuesta por demasiados aparatos sin tecnología Stealth. Las nuevas aeronaves F-35 y F-22 suponen una mejora notable en este aspecto pero todavía sufren de una relativa baja autonomía.

– Guerra Submarina. EEUU sigue siendo también a día de hoy el líder indiscutible en este ámbito, pero está perdiendo el monopolio de la alta tecnología y puede perder la supremacía en ciertas regiones del mundo (notablemente la costa de China/Taiwán etc.). La marina actual se basa primordialmente en buques de superficie, y una gran cantidad de submarinos se van a retirar en el futuro medio. Notablemente, según las tendencias actuales, sin un programa robusto de inversión, la capacidad de carga/armamento submarina de EEUU en el 2028 se verá reducida al 38% de la actual.

– Ingeniería Compleja de Sistemas. La ventaja hoy de EEUU a la hora de diseñar, producir, asimilar, compatibilizar y homogenizar complejos sistemas en una arquitectura de “sistema de sistemas” realmente global es todavía evidente pero igualmente menguante.  Para seguir rentabilizando esta ventaja al máximo, EEUU aspira a integrar todas sus plataformas en una Red Global de Vigilancia y Ataque (Global Surveillance & Strike –GSS- Network).

La lista completa de todos los campos en los que EEUU está acometiendo cambios similares daría para muchísimos más estudios, y de hecho existe ya un catálogo muy extenso, casi abrumador, de literatura al respecto[7].

Efectuado este breve repaso al Tercer Offset americano, es importante incidir en que la principal lección a resaltar y emular en este aspecto es que dicha iniciativa no busca obtener una lista mágica y definitiva de objetivos específicos del estilo de “queremos tener X número de carros de combate”, o ni siquiera “X más carros que la nación Z”, a la hora de fijar objetivos y plasmarlos en partidas e inversiones presupuestarias, si no más bien centrarse en tendencias y acciones enfocadas a cómo hacer mejor uso de y mejor “apalancar” sus ventajas existentes (situación y capacidades existentes de sus FFAA, ubicación estratégica de sus territorios y zonas de influencia, alianzas existentes, etc.) que poseen como nación y en identificar consecuentemente las capacidades disponibles y alcanzables de forma realista para conseguir los resultados óptimos y de acuerdo con sus objetivos estratégicos (a diferencia de objetivos sociales como número de personas empleadas).  En otras palabras: identificar y potenciar las áreas que puedan actuar de “multiplicador” de sus fuerzas de cara a futuros retos y adversarios.

Aquí es importante constatar que, a la hora de acometer una reflexión similar, España enfocará el ejercicio desde una posición totalmente distinta a la de EEUU: Hasta finales del siglo XX (1997), España dividía su territorio nacional en siete regiones militares (cuatro – Centro, Sur, Pirenaica y Noroeste- hasta el año 2002), mientras EEUU divide la totalidad del globo en seis regiones militares (African, Central, European, Indo-Pacific, Northern y Southern Commands). España es, a diferencia de EEUU, una potencia media con influencia e intereses más regionales que globales, y firmemente encuadrada en un marco político como es la Unión Europea, y una alianza político-militar como es la OTAN.

El caso de España

España nunca va a competir por ejemplo por mantener o disputar una superioridad aérea o naval a nivel global, o en poder librar un conflicto a gran escala contra una gran potencia en un escenario lejano. Nuestro nivel de ambición y resultantes capacidades se centrarán seguramente mucho más, en primer lugar, en la defensa de nuestro territorio nacional, y en mantener el nivel de influencia requerido en ciertos puntos y regiones (estrecho de Gibraltar, litoral del norte de África, etc.) de especial interés estratégico, y en segundo lugar, en nuestra contribución en escogidos ámbitos a la defensa común de Europa y en nuestra participación en misiones de paz en los marcos de la OTAN, la UE y la ONU.

En nuestra participación en misiones exteriores, España rara vez se ha destacado por ser el país que aportaba el grueso de la potencia de fuego, o la superioridad aérea abrumadora, como sí lo hacen regularmente potencias como EEUU o en ocasiones Francia o Reino Unido, pero sí que existe un consenso y cierta admiración internacional por nuestro nivel de compromiso y sobre todo por la calidad humana, técnica y profesional de nuestras tropas y efectivos ahí donde los desplegamos. Paradójicamente, en un mundo crecientemente automatizado, una reflexión al estilo Offset nos puede llevar a identificar nuestro principal nicho de ventaja a explotar para actuar como “multiplicador” de nuestra influencia como el factor humano, la infantería, lo cual nos puede llevar a apostar más por la formación, entrenamiento y equipamiento de nuestros soldados que por complejas y sofisticadas plataformas de combate.

Aquí, por tanto, en algunas capacidades tendremos ambiciones más punteras y costosas, y en algunas otras, la realidad rebajará nuestros objetivos a las capacidades mínimas requeridas para mantener la compatibilidad e interoperabilidad con las FFAA de nuestros aliados. Estas priorizaciones conllevaran, claro está, renuncias, pero el riesgo de no asumirlas nos llevaría seguramente a gastar superflua e innecesariamente importantes cantidades en unas estructuras que, de hecho, no serían operativas, y por lo tanto inútiles.

 

 

Ahora sí, ¿propuestas específicas?

Volvamos, ahora sí, al mundo real de los programas electorales: consisten, por temas de comunicación, comprensión y también atractivo electoral en documentos concisos, que buscan ser simples y también atractivos. Así como, en temas de Fomento, por ejemplo, es muy legítimo resaltar el firme apoyo o no a un Plan Hidrológico Nacional sin tener que caer en la excesiva dependencia en proyectos específicos como un trasvase particular entre el rio Tajo y el Segura, en temas de Defensa también hay ciertas propuestas que se pueden encuadrar específicamente en un plazo inmediato, como la siguiente legislatura.

El submarino S-80 por ejemplo: ¿quiere España seguir apostando por una capacidad submarina? El submarino S-80 es la apuesta vigente, repleta de problemas (algo muy natural y consustancial en una capacidad tecnológicamente tan compleja)[8]. Se debe o bien seguir apostando firmemente por ella, o cortar por lo sano lo antes posible, renunciar a dicha capacidad, y “liberar” los considerables recursos dedicados al proyecto para su uso en otra parte (renunciando, claro está, a lo perdido en inversiones ya efectuadas). ¿Puede una nación como España renunciar al arma submarina? La opinión de las FFAA, sobre todo la naval, es naturalmente que no, pero es un debate que se ha evitado hasta ahora al máximo nivel político. Si algún partido tuviera la iniciativa (y valentía) de posicionarse pública y proactivamente de uno u otro lado, forzaría al resto a, por lo menos de cara a la galería, a posicionarse igualmente. Esto no tendría por qué ser tan divisorio o traumático. Países como Irlanda, por ejemplo, han renunciado públicamente a poseer o mantener aviones de combate propiamente dichos, abandonando expresamente esa capacidad. Mantienen una firme política de neutralidad estratégica y han decidido públicamente confiar en sus alianzas y garantías internacionales dentro de la UE y la ONU (que no la OTAN) en lo que a su defensa aérea se refiere[9].

Otro caso, por ejemplo, es la renovación de la flota de aviones de entrenamiento para la formación de nuestros pilotos. Los 45 reactores CASA C-101 de los escuadrones 793 y 794 de la Academia General del Aire de San Javier y las 37 avionetas Tamiz del Escuadrón 791 han sido heroicamente mantenidos hasta la fecha, pero están alcanzando ya una obsolescencia casi pintoresca. Los trabajos y evaluaciones llevados a cabo por el Ejército del Aire desde el año 2009 se centran, entre otros, en el modelo suizo Pilatus PC-21 y el americano Beechcraft T-6C como posibles recambios.  Estos aparatos se podrían fabricar en España bajo licencia. A día de hoy se prevé una necesidad de 30 aviones con una operación a 30 años, con el fin de dotar a la Escuela Elemental, Básica y parte de la Avanzada con un solo avión, y se deberían disponer de las primeras aeronaves no más tarde del 2020, y estar preparados para 2024, año en el que no quedarían más de 17 C-101 operativos. Sería muy legítimo, por ejemplo, en esta situación puntual, si, incluir este compromiso específico como propuesta para cerrar en la siguiente legislatura[10].

Estos dos ejemplos son sólo una pequeña muestra de temas de especial relevancia o urgencia. Tanto las distintas ramas de las FFAA como los departamentos del Ministerio de Defensa (DGAM, SEGENPOL, SEGENPER, las subsecretarías, etc.) están a disposición de los distintos partidos políticos, institucionalmente a través de la comisión de defensa para aquellos con representación parlamentaria, y más informalmente al resto, para que estos puedan recibir informes de situación, principales temas de urgencia o interés e incluso proyectos o iniciativas interesantes (“estrella”) que les puedan servir en la elaboración de propuestas específicas. Hay partidos que son más reacios que otros a la hora de sentarse con dichos departamentos o incluso con profesionales civiles, de la industria y académicos con reconocido prestigio en el sector. Dichas reuniones y contactos no pueden más que enriquecer cualquier programa de cualquier partido, independientemente de su ideología o nivel de ambición en temas de seguridad y defensa.

En este papel no se ha ahondado en el tema de la industria de defensa como tema específico y autónomo a tratar. La defensa y promoción de nuestra base y capacidad industrial y tecnológica autóctona es sin duda un factor a tener muy en cuenta a la hora de elaborar un plan de propuestas políticas, tanto por cuestiones estratégicas de autonomía, suficiencia y de seguridad de suministros y mantenimiento, como por consideraciones de índole más económico, social y financiero. En esta reflexión queremos hacer hincapié en los temas puramente estratégicos y de capacidades militares, sin desmerecer en absoluto esa otra cara de la moneda.

En el plano conceptual, también hay algunas propuestas que se pueden e incluso deben formular específicamente. El artículo 30 de nuestra Constitución, por ejemplo, además de constatar expresamente “el derecho y el deber de defender España”, menciona específicamente el “servicio militar obligatorio”, así como la posibilidad de “un servicio civil para el cumplimiento de fines de interés general”. En el año 2001, dicho servicio obligatorio fue abolido por decreto sin el debido debate (y reforma) Constitucional. La conveniencia o no de reintroducir alguna clase de servicio militar, y sobre todo las posibilidades de un servicio civil sustitutorio, tanto por la existencia de nuevas unidades militares como la UME, (unidad de gran aceptación y éxito, admirada y emulada a nivel internacional por otros países y FFAA), así como por necesidades sociales como la reforestación, el cuidado medioambiental, la defensa civil, el cuidado de ancianos y discapacitados, etc. etc., abren un espectro de posibilidades de ofertas programáticas electorales muy interesantes para los votantes. Sería muy legítimo y atractivo volver a abrir el debate e incluso incluir propuestas específicas en este ámbito en los programas electorales de cara a estos futuros comicios.

De la misma manera, en el plano social, en una institución como las FFAA (y por extensión, en el conjunto de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado –FCSE-), hay otros temas sociales que se deben legítimamente tratar, como son el creciente –por absolutamente imprescindible y necesario- papel de la mujer en dichos cuerpos, y las cuestiones de conciliación laboral, para hombres y mujeres, tanto en acuartelamientos como en misiones exteriores. Aquí una vez más, sin embargo, debe primar absolutamente nuestro nivel de ambición y capacidad frente a los cantos de sirena de políticas y consideraciones biensonantes, llámense cuotas de género, listas “cremallera”, o nada parecido. En estos temas, una vez más, solo debemos rendir pleitesía a una dama, llamada “capacidad operativa”.

El abordar los programas políticos siguiendo las recomendaciones y la filosofía de claridad y actuación aquí expuestas no solo dotaría a dichas propuestas de una coherencia y atractivo especiales, sino que también armaría a los políticos a la hora de defenderlas en mítines y debates durante la campaña. Permitiría asimismo a los políticos posteriormente defender la coherencia y “gran visión” que persiguen, incluso enfrentándose a la cancelación de alguna iniciativa específica, o cambio de dirección aparente respecto a las promesas efectuadas. En España, raro es que se hable abiertamente sobre temas de seguridad y defensa al máximo nivel político-institucional, ya sea en campaña o en debates oficiales como los anuales sobre el Estado de la Nación. Las secciones dedicadas tanto a política exterior como a seguridad suelen ser muy breves y hasta anodinas y repletas de lugares comunes, comparadas con las que suelen dedicarle países de nuestro entorno como Francia, Reino Unido o Estados Unidos.

La Seguridad y la Defensa, junto con otros debates incómodos como la viabilidad del sistema de pensiones, siempre han sido campos considerados “a evitar” por los partidos en periodos electorales. Estos temas han sido descritos jocosamente como “el tercer riel de la política”, por eso de que, al estar electrificado, el que osa pisarlo corre el serio riesgo de morir electrocutado. Algo de cierto tiene la reflexión, pero precisamente porque ese riel es por el que fluye toda la energía. El abordar estos temas con sinceridad, valentía, sin dogmatismos o buscando efectos cortoplacistas, puede conllevar también unos réditos políticos insuperables.

Jesús De Ramón-Laca, colaborador del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de Política Internacional

 

 

[1] José Bono, Ministro de Defensa. Conferencia en el Woodrow Wilson Center de Washington, USA. Mayo 2005

[2] Como ejemplo, artículo de El País, 3 de junio 2018: https://elpais.com/politica/2018/06/03/actualidad/1528022426_538234.html

[3] Para una guía oficial sobre el proceso de inmigración legal a Canadá, incluido trato a la inmigración ilegal, consultar https://www.canada.ca/en/immigration-refugees-citizenship/campaigns/irregular-border-crossings-asylum/understanding-the-system.html, y para la australiana: https://www.aph.gov.au/About_Parliament/Parliamentary_Departments/Parliamentary_Library/pubs/BN/1011/AustMigration

[4] Un ejemplo reciente, el JEMAD Fernando Alejandre Martínez en su comparecencia en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados, abril 2018: https://www.libertaddigital.com/espana/2018-04-16/el-jemad-alerta-las-fuerzas-armadas-estan-en-una-situacion-critica-1276617189/

[5] Para una reflexión más a fondo sobre el Eurofighter: http://www.outono.net/elentir/2019/01/24/el-fcas-y-el-tempest-asi-seran-los-cazas-que-sustituiran-al-eurofighter-y-al-rafale/

[6] Para una descripción más completa del esfuerzo de auditoria interna de las FFAA de EEUU: https://www.defensenews.com/pentagon/2018/11/15/heres-what-the-pentagons-first-ever-audit-found/

[7] Un excelente resumen del tercer offset en el papel del Center for Strategic and Budgetary Assesments:  https://csbaonline.org/uploads/documents/Offset-Strategy-Web.pdf

[8] Un excelente artículo sobre el estado actual del proyecto S80 en Artículo 30: https://articulo30.org/politica-defensa/submarino-s80/

[9] White Paper on Defence de 2015: https://www.defence.ie/system/files/media/file-uploads/2018-06/wp2015eng_1.pdf y National Risk Assesment for Ireland 2017, publicado en julio de 2018: https://www.defence.ie/system/files/media/file-uploads/2018-07/national-risk-assessment-ireland-2017.pdf

[10] Hoy en día se siguen barajando distintas propuestas. Un buen resumen de la situación en marzo de 2018: http://fly-news.es/defensa-industria/airbus-ds-ofrece-defensa-nuevo-programa-entrenador-ejercito-del-aire-casa-c-102/

 

Fotografías: US Navy / Ministerio de Defensa / EMAD

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