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¿La tragedia de la política de las Grandes Potencias?

Análisis 2 /2022

28 Enero 2022

 

Enrique Fojón Lagoa

 

A medida que el enfoque principal de la política internacional continúa su emigración de la región transatlántica al Indo-Pacífico conformando lo que puede considerarse un sistema mundial multicéntrico, la OTAN trata de adaptarse a esta nueva realidad. Se toma el título de la gran obra del profesor Mearsheimer, para ilustrar el sentimiento implícito en el ensayo. ¿Cuándo cambió el mundo de configuración geopolítica? ¿Qué inercias estratégicas se mantienen? ¿Qué narrativas políticas son obsoletas y qué lugar ocuparán en la dinámica estratégica?.

La actual demostración de poder de Rusia ha despertado a Occidente del sueño kantiano. La indignación es grande y las culpas se hacen recaer en aquel que no se atiene al “imperativo democrático”. Quizás una reconsideración de los años 90 arrojaría algo de luz. La historia de Europa muestra que el olvido del equilibrio de poder es fuente de conflictos. Tras la caída del Muro de Berlín no se tuvo en cuenta la Historia. Con la implosión de la Unión Soviética, los estados de Europa del Este del Pacto de Varsovia y las antiguas repúblicas soviéticas en la región báltica se unieron a la OTAN y a la UE. Ucrania también se volvió hacia Occidente. No era difícil prever que una Rusia recuperada quisiera reasumir la cualidad de actor estratégico para cambiar la situación. Moscú, al igual que Alemania en 1918, no aceptaría un “Versalles” tras la Guerra Fría. En la década de 1990, Rusia se hundió en el caos. Fue el segundo colapso del imperio en un siglo y, para muchos de los involucrados, incluido Putin, fue una ruptura tan severa como el final del imperio zarista. En respuesta, Occidente se envolvió en una mezcla de idealismo y paternalismo. No se fue consciente del hecho de que la élite rusa nunca quiso modernizar su sistema, sino que se aferró a estructuras cleptocráticas y autoritarias propias de un imperio.

La OTAN y la UE respetaron la voluntad de los europeos orientales a la autodeterminación, pero debió integrar a Rusia en una solución estable y duradera. La lógica occidental no busco la estabilidad. Entre tanto la configuración geopolítica de Competición Estratégica alteró el paradigma hegemónico y, al carecer del alternativo, no se valoraron los posibles efectos. Además, Occidente nunca dejó de lado la idea de que podría exportar sus valores hasta los Urales. Esto fue el comienzo del problema. Ya que una forma de reducir riesgos es tomar a un rival por lo que realmente es, en lugar de buscar mejorarlo de acuerdo con las propias concepciones. Seguir leyendo

 

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Enrique Fojón, Coronel de Infantería de Marina (Ret). Investigador del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de Política Internacional (Universidad Francisco de Vitoria).

 

 

 

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