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La salud pública en una estrategia integral nacional frente a la COVID-19

Análisis 12 / 2020

24 Noviembre 2020

 

Víctor Pujol de Lara

Durante la última Guerra de Cuba de 1895 a 1898, el Ejército español desplegó cerca de 200.000 soldados en la isla (1897) y se nutrió con más de 86.000 voluntarios. De ellos enfermaron 49.000 en 1895, 23.2000 en 1896 y 23.1000 en 1897. Murieron más de 41.000 por las enfermedades endémicas de la zona entre 1985-1898: fiebre amarilla, tifus, disentería y malaria principalmente. En combate cayeron 4.000 y fueron heridos cerca de 11.000. Las enfermedades mataron al 22% del personal mandado a Cuba y el 93% de las bajas fueron debidas a causas no de combate. El Ejército de Cuba estaba en guerra contra los mambises y posteriormente los americanos, pero fueron los patógenos y las enfermedades infecciosas los que le derrotaron.

A finales de octubre de 2020, según datos oficiales[1]  en España, más de un millón cien mil personas se habían contagiado y se contabilizaban más de 35.000 muertos. Había más de 43 millones de casos confirmados en el mundo y un millón cien mil personas fallecidas. En un análisis de octubre de la revista The Lancet, se repasa las principales razones por la que la respuesta a la pandemia ha sido “subóptima” en España[2]. La segunda ola ha golpeado tan fuerte como la primera por motivos como un sistema de vigilancia débil, baja capacidad para hacer pruebas, pocos equipos de protección y de cuidados intensivos, reacción tardía por los gobiernos central y regionales, una lenta toma de decisiones, alto grado de movilidad e inmigración, mala coordinación entre comunidades y gobierno central, poca observancia del asesoramiento científico, etc.  Otros puntos resaltados es la poca granularidad de los datos, lo que impide entender y responder a los brotes; y no disponer de un sistema de pruebas, rastreo y aislamiento efectivo.

Se debe actuar ya[3]. En España se ha perdido la oportunidad que el confinamiento inicial dio al gobierno para poner en marcha las medidas necesarias para contener una segunda ola y las sucesivas. Estamos en medio de esa segunda ola y se sigue sin una estrategia clara de cómo enfrentarse al desafío a la seguridad nacional que representa esta crisis. Diseñar una estrategia para erradicar el coronavirus es teóricamente sencillo. Desgraciadamente, las medidas implementadas hasta el momento, con marcado carácter político y en las que no está claro quién es el adversario a batir, no funciona dado que los virus no ven la televisión, ni las redes sociales, ni se le puede manipular, desinformar o disuadir. Por lo tanto, la dialéctica política estéril, que ha sido el esfuerzo principal en España, tiene un efecto pernicioso, pues pone en duda la eficacia de las actuaciones y no contribuyen a detener la extensión de la pandemia.

El primer paso a la hora de desarrollar una estrategia de salud pública frente al coronavirus es eliminar el componente de polarización y sectarismo de la política en lo que es un problema de seguridad nacional y un asunto de estado[4].  Una vez cumplido este requisito la estrategia a seguir aparece más clara y sencilla. La complicación fundamental estará en su puesta en práctica. En este análisis se va a desarrollar cómo debería ser configurada una aceptable estrategia de salud pública, schwerpunkt[5] de una integral nacional. Se usará la gramática y la lógica del arte de la guerra. Este análisis se centrará principalmente en las intervenciones no farmacológicas, dado que incluso la introducción de una vacuna viable y efectiva, en el caso más favorable no eliminará la necesidad de convivir con el virus una buena temporada.

La estrategia, según palabras del genial Helmut von Moltke, es un sistema de expedientes[6], y el tiempo es un factor vital a la hora de ejecutarla. Por lo tanto, en este análisis se usará la información disponible siempre que se considere aceptable o se establecerán supuestos cuando sea necesario. En las crisis como en la guerra es mejor tener un buen plan ahora que uno perfecto demasiado tarde. El análisis se inicia con una descripción de la información más relevante del coronavirus. Seguido por un resumen de los hitos que nos han llevado a la situación de otoño de 2020. El siguiente paso será definir y describir los elementos de una estrategia de salud pública y se finaliza con unas conclusiones.  (Seguir leyendo

 

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Víctor Pujol de Lara, analista del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de Política Internacional.

 

[1] Departamento de Seguridad Nacional, “Coronavirus (COVID-19) – 27 de octubre 2020”, https://www.dsn.gob.es/es/actualidad/sala-prensa/coronavirus-covid-19-27-octubre-2020, fecha de consulta 28.10.2020
[2] The Lancet Public Health. “COVID-19 in Spain: a predictable storm?, https://www.thelancet.com/journals/lanpub/article/PIIS2468-2667(20)30239-5/fulltext#articleInformation, fecha de consulta 03.11.2020
[3] ALWAN Nisreen, BURGESS Rochelle Ann et al. The Lancet, “Scientific consensus on the COVID-19 pandemic: we need to act now”, https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)32153-X/fulltext, fecha de consulta 28.10.2020
[4] The Economist, “Spain’s poisonous politics have worsened the pandemic and the economy”, https://www.economist.com/europe/2020/10/03/spains-poisonous-politics-have-worsened-the-pandemic-and-the-economy, fecha de consulta 16.11.2020
[5] Centro de gravedad o esfuerzo principal. COG in War, “Clausewitz, On War, excerpts relating to term «Center[s] of Gravity.», https://www.clausewitz.com/opencourseware/Clausewitz-COGexcerpts.htm, fecha de consulta 15.11.2020
[6] Strategic Thinking, “VON MOLTKE ON STRATEGY”, http://www.strategybydesign.org/von-moltke-the-elder-on-strategy/, fecha de consulta 16.11.2020

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